Lechugas convertidas en materiales industriales de fibras vegetales

lechuga plasticoActualmente diversas oenegés estiman que en los mares y océanos hay un kilo de residuos de plástico por cada tres kilos de peces. Además, se calcula que cada año mueren alrededor de 100.000 mamíferos marinos por ingerirlos.

Un problema medioambiental ante el que surgió la idea de emplear materiales respetuosos con el medio natural y las personas, “que fueran una alternativa al plástico y lo más ecológicos posible”, además de ser también sostenibles desde el punto de vista económico. Así surgió Feltwood para convertir residuos agrícolas en materiales ecológicos”, según ha explicado Arancha Yáñez, fundadora y responsable de I+D de Feltwood en la que también participa Óscar Longares como responsable de Desarrollo de Negocio.

La empresa, con sede ubicada en Zaragoza, España ha desarrollado una tecnología propia e innovadora que permite producir materiales industriales ecológicos utilizando residuos agrícolas como la lechuga. “Son productos que no sirven para la alimentación, como las tomateras, las alcachofas de las que solo es comestible una pequeña parte, las lentejas, forrajeras, soja, el descarte de col u otros residuos fibrosos”, que se obtienen de explotaciones agrícolas de Aragón y Navarra principalmente.

Estos residuos agrícolas son utilizados con la tecnología de moldeado de Feltwood -se encuentra en proceso de patente europea-, para producir los materiales ecológicos, que solo están compuestos por fibras vegetales al 100% y que se extraen directamente de estos productos de desecho. De esta manera, no contienen ningún componente tóxico como adhesivos o aglomerantes peligrosos para la salud o el entorno natural como sucede con otros materiales.

Además, los producidos con la tecnología de Feltwood pueden ser utilizados como sustitutivos del plástico para realizar, por ejemplo, juguetes, mobiliario, embalajes o bandejas para frutas en supermercados, entre otros posibles usos.

La empresa ha desarrollado diferentes tipos de materiales que tienen una larga duración y resistencia. Por ejemplo, uno de ellos es tres veces más duro que la madera más dura, pudiéndose además modelar para ganar en versatilidad con el fin de ser utilizados en diversas aplicaciones y con distintas formas. También se han utilizado fibras vegetales para producir un sustituto del corcho blanco, que se emplea por ejemplo para embalajes o aislamiento en el sector de la construcción.

Todos estos materiales, que han superado la fase de desarrollo en laboratorio y cuya producción ya puede industrializarse, presentan además otras características. Una de ellas es la de ser biodegradables, al ser realizados al 100% con fibras naturales. “Se pueden reutilizar y reciclar sin perder calidad. Incluso, son compostables”. Es más, en el caso de que acabasen en el mar, no tardan mucho tiempo en descomponerse y tampoco serían perjudiciales para los animales. Por ejemplo, una bandeja de fruta se degradaría en unos tres meses.

Los materiales Feltwood -cuya materia prima es cuatro veces más económica que el plástico-, también son bajos en huella de carbono “al ser elementos vegetales”. Además, “en la misma cooperativa o en el campo se puede hacer la primera parte del proceso, lo que supone un ahorro en transporte”. También es una fabricación de bajo requerimiento energético.

Las ventajas de estos materiales van aún más allá, puesto que no es necesario hacer cultivos específicos, como la papa o maíz, para obtener la materia prima ni talar árboles como sucede con los bioplásticos. Este tipo de plantaciones “encarecen el producto y hacen que los materiales tengan más huella de carbono”.

Además, al aprovecharse los residuos agrícolas ya existentes, se impulsa la economía circular y agricultor puede reducir costes porque, sin este uso para materiales industriales, tendría que optar por compostar estos desechos o recurrir a gestores de residuos cuando se trata de grandes cantidades.

Fuente: Heraldo, 16/7/2018

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