Las superbacterias letales y la relación con la industria cárnica

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Las superbacterias representan, junto al cambio climático, la mayor amenaza mundial. Sin embargo, la mayoría no tiene conocimiento respecto a esto.

Según el doctor José Migue Cisneros, presidente de la Sociedad Española de Enfermedad Infeccionas y Microbiología Clínica (SEIMC) y experto en el ámbito de la resistencia bacteriana a los antibióticos, “Los antibióticos han perdido eficacia frente a la bacterias, de modo que dejan de ser útiles para curar las infecciones que provocan”.

El mecanismo es sencillo. Las bacterias tienen una alta capacidad reproductiva, lo que les permite concebir rápidamente nuevas mutaciones genéticas. Esto hace que los antibióticos no puedan destruir todas las bacterias. Unas cuantas sobreviven, las que han generado alguna mutación de resistencia frente al antibiótico. Ellas se convierten en las únicas bacterias que se reproducen o comparten información genética, multiplicando así las bacterias resistentes. Cuando una consigue portar varios genes de resistencia pasa a ser conocida como superbacteria.

Esto puede ser responsabilidad nuestra, puesto que, aunque las bacterias poseen sus propios mecanismos evolutivos para enfrentarse a los antibióticos con los que intentamos eliminarlas, nosotros los estamos potenciando y acelerando con nuestra habitual inconsciencia. Por otro lado los médicos recetando antibióticos cuando no son estrictamente necesarios, nosotros cayendo en la automedicación y tomándolos con frecuencia, y la industria alimentaria animal atiborrando a los animales de antibióticos de una manera irracional.

Las malas prácticas de la industria cárnica y láctea

De hecho, Cisneros no duda en apuntar esto último como la gran causa del nacimiento de las superbacterias: “De todas ellas, la alimentación suplementada con antibióticos a los animales es la parte más importante y voluminosa. Esta práctica está controlada en la mayoría de países desarrollados, por lo que la mejor medida es el cumplimiento de la ley”. El problema, sin embargo, es que la industria cárnica ha demostrado ser ajena a la legislación. Como afirma Cisneros, “la industria alimentaria está poniendo en riesgo la salud mundial”.

Son muchas las investigaciones que lo demuestran. Un informe de 2017 de la Agencia Europea de Medicamentos reveló que España es el país de la Unión Europea donde más antibióticos veterinarios se venden, la mayoría con destino a las granjas de animales que más tarde llegan a tu mesa en forma de filetes. Esto lo hacen porque las condiciones de salud e higiene en las que viven esas pobres criaturas aumentan muchísimo las probabilidades de que contraigan infecciones. Y en lugar de mejorarlas, los ceban a antibióticos, creando así bacterias inmunes.

Pero no son los únicos datos alarmantes. La oenegé británica The Soil Association descubrió el pasado año que alrededor del 75% de todos los antibióticos usados en la Unión Europea y en Estados Unidos son administrados a animales de granja mezclados con el pienso. La industria alimentaria animal, y nuestro consumo inconsciente, están creando un monstruo. Bacterias que no podremos vencer. “Según un informe reciente de la SEIMC morirán en España este año 35.400 personas por infecciones de bacterias multirresistentes“, explica Cisneros.

Una amenaza creciente

Pero la peligrosidad de este fenómeno es ascendente. Si no hacemos nada para remediarlo, y según un informe del gobierno británico de 2016, en 2050 morirán más personas por culpa de infecciones superbacterianas que por cáncer. Unas 10 millones de personas aproximadamente, Porque una vez nacen y se reproducen, este tipo de microorganismos pasan a formar parte de la fauna mundial. Están ahí, esparciéndose por todo el planeta, mientras nosotros continúamos favoreciendo que nazcan y se reproduzcan más.

Existen soluciones. Como cuenta el doctor Cisneros, “se están desarrollando nuevos y mejores antibióticos para hacer frente a estas bacterias multirresistentes, pero esta ya no es suficiente y se están realizando investigaciones con fármacos diferentes“. Un ejemplo es la terapia fágica, la introducción de un virus bacteriófago que devore la superbacteria. Pero nada de eso importa si seguimos realizando las malas prácticas antes mencionadas, muy especialmente el mantenimiento de esa industria alimentaria animal que solo busca el beneficio económico.

Algo tiene que cambiar, y en especial alrededor de una regulación real del suministro de antibióticos a los animales. Hasta que eso ocurra, nuestra responsabilidad individual es tomar antibióticos solo cuando un médico nos lo recete. Y también, claro está, replantearnos si queremos seguir formando parte de una industria alimentaria que está matando animales y poniendo el futuro de los humanos en peligro.

Fuente: Código Nuevo, 16/7/18

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